Los campomontieleños vistos por el filósofo Antonio Rodríguez Huéscar

Vida
Antonio Rodríguez Huéscar (Fuenllana, 1912- Madrid, 1990) fue alumno de Ortega y Gasset en la Facultad de Filosofia y Letras durante la II República. Su oposición al franquismo le impidió ingresar como profesor de instituto, por lo que impartió clases de Filosofía durante 10 años en el Colegio Estudio de Jimena Menéndez-Pidal.
Desde sus comienzos como estudiante se dedicó a su gran vocación filósofica, expuesta en artículos y principalmente en sus dos grandes obras, Perspectiva y verdad, publicada en 1966, y La innovación metafísica de Ortega, publicada por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1982.Tras la muerte del filósofo en 1955, Rodríguez Huéscar aceptó una cátedra en la Universidad de Puerto Rico, donde permaneció 15 años y donde dirigió la revista La Torre.
En 1981 obtuvo el primer Premio Ortega y Gasset por su trabajo La mujer en el pensamiento de Ortega y Gasset, premio convocado por el Ministerio de Educación y Ciencia para conmemorar el 25º aniversario del fallecimiento del filósofo.
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Figura
Ana Esther Velázquez Fernández le describió de la siguiente manera:
“Rodríguez Huéscar se distinguió siempre por el rigor, la precisión, la escritura densa y elegante, capaz de atrapar al lector sin hacer concesiones a recursos atractivos y engañosos . Su constante punto de partida fue Ortega, y trabajó la obra del maestro tratando de desentrañar a la par su propio pensamiento. Pero lo más prodigioso no era leerle, porque -como ya había explicado Sócrates en el Fedro- los escritos son mediaciones que no permiten llegar con el alma al alma de quien los recibe; lo asombroso era escucharle. Poseía el don y el arte de la palabra -también tan orteguianos-, y su frágil figura se agrandaba con los matices, la inflexión, las frases, armoniosas, la consistencia interna del discurso. Recreaba los términos más habituales y gastados por el uso para mostrar con ellos un aspecto insólito de la vida -de mi vida, como solía puntualizar-, precisamente el más inadvertido por cotidiano. Continuaba también la costumbre de Ortega de extraer el sentido etimológico de las palabras y aun inventar aquellas que hicieran más patente lo que deseaba expresar, porque sólo una fuerte llamada de atención puede mostrarnos lo sorprendente de cada instante vivido.”
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Campo de Montiel
Para el Campo de Montiel Rodríguez Huéscar dejó el primer estudio antropológico filosófico de la gente de esta comarca titulado El hombre de Montiel: la rebelión contra el tiempo. Fue escrito en Fuenllana durante una noche de 1960. Un estudio en el que el autor califica al campomontieleño como un hombre anclado en el pasado, dice: “Tiene el alma del hombre de Montiel tropismos de mimosa púdica; es retráctil, como cuerno de caracol o uña de felino; ente el contacto de lo extraño, se encoge, se mete en su concha... El alma del Campo de Montiel tiene sed, tiene fiebre. Su secular modorra, lo mismo que sus momentáneas exultaciones, fruto son de la calentura milenaria en que arde y se consume, postrada sobre su gleba desnuda y ardiente...”.

Consulta el texto íntegro gracias al Centro de Estudios Manchegos.
Fuente: Artículos de El País días 3 y 31-05-1990

1 comentario:

Yeyes dijo...

"Secular modorra"...

Creo que quien se inventó la modorrería estaba de visita por el Campo de Montiel. Haciendo un juego de palabras con otro autor diría que "El Campo de Montiel es una agrupación de modorros que se muerden entre sí".

Saludos